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Evacuación británica de Creta (28-5-1940)

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Evacuación británica de Creta (28-5-1940)

Mensaje  Compañia el Sáb 12 Mayo - 0:28:37


Iniciadas la invasión alemana de Yugoslavia y Grecia, el Alto Mando Británico sabía que toda resistencia era inútil. Los impreparados y mal equipados ejércitos yugoslavo y griego habían sucumbido a la poderosa Wehrmacht apoyada por la impecable cobertura aérea de la Luftwaffe, y por su parte las fuerzas británicas también se encontraban incapaces de detener el avance alemán. Ante la inevitable derrota, sólo les quedaba como opción la retirada a Creta desde los puertos griegos de Sphakia y Heraklion y para ello, desde Londres radiaron la orden de retirada.


En el Campo Kokinia a las afueras de Atenas, hileras de camiones eran, cargados con las pertenencias de altos oficiales y diplomáticos, mientras las fuerzas alemanas avanzaban por la costa de las Termópilas a lo largo del Golfo de Corinto. Para la protección del Peloponeso el General Wilson trasladó dos escuadrones del 4to de Húsares a la zona de Patras para impedir cualquier intento de desembarco alemán desde Naupaktos y le encargó a la Misión Yak -una suerte de grupo de comandos expertos en demoliciones al mando de Peter Fleming- el bloqueo de la carretera entre Missolonghi y Naupaktos para retrasar el mayor tiempo posible el inevitable avance alemán por la costa occidental. Toda la Bahía del Pireo fue bloqueada con restos de buques semidestruidos por los bombardeos dejando libres, hasta último momento, los muelles de embarque.

Como parte de la evacuación, al atardecer del día 22 de abril unos 40 prisioneros alemanes fueron llevados a las bodegas del buque SS Elsi, custodiados por soldados australianos. El barco zarpó con todos los civiles que pudo recibir y llegó a salvo a la Bahía de Suda en Creta, el 29 de abril, donde desembarcaron justo antes que aparecieran los Stukas y lo enviaran al fondo del mar.


El mismo día 22, miembros femeninos de la Casa Real Griega abordaron un hidroavión Sunderland en Phaleron, porque el barco en el que debían ser transportados fue hundido el día anterior mientras estaba acoderado al muelle. Entre los reales pasajeros se encontraban Frederica, Princesa de la Corona y sus dos hijos; Constantin, que luego perdió el trono de Grecia y Sophia, que hoy es reina de España, acompañadas por una nana escocesa. Para efectos protocolares, Joyce Britten-Jones, amante del Rey Georgios fue nombrada "Dama En Espera" de la Princesa de la Corona.

Joyce Britten-Jones ha sido una de las pocas concubinas reales de la historia que ha sido recordada con admiración, porque nunca estuvo involucrada en entredichos o intrigas palaciegas y en buena cuenta se comportó admirablemente en las épocas de crisis. El esposo de la Britten-Jones era un alcohólico capitán del Black Watch, un cuerpo de los Highlanders, que fue Ayuda de Campo del Virrey de la India cuando el Rey Georgios visitó ese país después de ser reinstalado en el trono de Grecia en 1935 por el General Kondylis. Georgios se divorció de la Princesa Elizabeth el 6 de julio de ese año. En esas circunstancias Georgios II y la señora Britten-Jones se conocieron y comenzaron su relación adúltera.

La influencia británica de Britten-Jones sobre el rey de Grecia hizo que el Primer Ministro Eden exigiera un pasaje aéreo para llevarla a Grecia desde Londres, vía El Cairo, en el mes de Marzo. Sin embargo el esfuerzo hecho por los miembros de seguridad no pudo impedir que se filtrara la noticia de su viaje. En el mismo avión se encontraba el General Charles De Gaulle, quien exigió que primero descendiera de la nave la señora Britten-Jones para él hacerlo inmediatamente después acompañado por los acordes de La Marsellesa. Finalmente, a comienzos de abril, Joyce Britten-Jones llegó a Atenas, poco después que Alemania inició la invasión de Grecia.


El Rey Georgios II, junto con su hermano Paul, Príncipe de la Corona, y una comitiva compuesta por el Premier Emmanuel Tsouderos, Sir Michael Palairet y el Coronel Blunt Agregado Militar británico, abandonaron Grecia al día siguiente en otro hidroavión Sunderland. Antes de partir, el Coronel Blunt tuvo un altercado con Peter Fleming reclamándole a Fleming que la Misión Yak se había formado para operar detrás de las líneas enemigas protegiendo la evacuación y si la Misión Yak se dirigía a Creta se convertían en desertores. El protegido de Churchill no hizo el menor caso a la advertencia. Peter Fleming y la Misión Yak se embarcaron en el vapor Kalanthe, totalmente lleno de civiles, personal de la embajada y oficiales de alto rango, "para protegerlo de los ataques aéreos" con cuatro ametralladoras Lewis.

Durante la noche el Kalanthe cruzó el archipiélago de Milos y al amanecer se ocultó en la isla desierta Poliaigos desembarcando a los pasajeros que permanecieron en ella todo el día. La tripulación griega se mantuvo a bordo haciendo reparaciones y con las calderas funcionando para zarpar apenas fuera necesario. En el buque permaneció también la Misión Yak como medio de protección, pero Peter Fleming no pudo controlar su espíritu de explorador y bajó a tierra regresando en la tarde. Pasadas las 5 PM aparecieron en el horizonte tres bombarderos Junkers 88 y las ametralladoras Lewis entraron en acción. En la primera pasada las bombas erraron el blanco pero después una cayó en medio del buque. El Kalanthe voló y la explosión mató a nueve e hirió a seis personas, entre tripulantes y pasajeros. Peter Fleming resultó ligeramente contuso al igual que muchos pasajeros y otros miembros de la Misión Yak.

Tres días después, los supervivientes y heridos fueron rescatados por isleños de Kimolos que aparecieron en un caique o perama (pequeña embarcación a vela de dos mástiles). Vientos en contra obligaron a la embarcación a recalar en la isla volcánica Santorini, pero poco después una erupción volcánica hizo entrar en pánico a los náufragos pensando que se trataba de otro bombardeo. Afortunadamente en Santorini había un pequeño vapor de carga que llevaba a Creta a un pequeño destacamento de la policía. Los náufragos abordaron la nave y se dirigieron a Creta, llegando a Heraklion sin mayores novedades.

Se dice que en El Cairo, Fleming se puso un vendaje en la cabeza y se colgó en el pecho una condecoración de la Orden de Servicios Distinguidos obtenida con quien sabe qué subterfugios. Fleming era envidiado por muchos en Atenas y El Cairo debido al tratamiento especial que recibía porque su padre fue amigo de Churchill y por ello se puede dudar un poco sobre este episodio, aunque cuando se trata de evitar ser capturado cualquier cosa vale.

A todo esto, en Atenas el olor a papeles quemados inundaba la ciudad. De la Embajada Británica y el Hotel Gran Bretaña se elevaban pequeñas columnas de humo procedentes de las piras de documentos, especialmente los de material cifrado y los libros de códigos, incinerados por explícitas órdenes de Londres. Los efectivos de la división cretense la pasaron peor, porque quedaron cercados en un bolsón junto con sus familiares cercanos en el frente albanés. El General Papasteriou, Comandante en Jefe de la unidad se las arregló para escapar a Creta abandonando a sus hombres. La libertad no le duró mucho tiempo pues fue asesinado en Kastelli Kissamou por un sargento de policía durante una violenta protesta debida precisamente a la deserción del general.

Después de la evacuación británica de Grecia, Churchill le envió al General Wavell en Egipto un mensaje diciendo: "Hemos pagado nuestra deuda de honor con mucho menos pérdidas que las que me temía." En efecto, los británicos perdieron 2000 hombres, entre muertos y heridos más 14.000 que fueron hechos prisioneros de los 58.000 efectivos enviados a Grecia. En cuanto a material el asunto fue dramático. En su desesperación por huir, los británicos abandonaron 104 tanques, 40 cañones antiaéreos, 192 piezas de artillería de campo, 164 cañones antitanques, 1812 ametralladoras, 8000 vehículos de transporte, 209 aviones de los cuales 72 fueron derribados, 55 destruidos en tierra por la Luftwaffe y 82 destruidos durante la evacuación. Además dejaron regados por los caminos una incalculable cantidad de material, suministros y municiones. Estas enormes pérdidas no justificaron los deseos de Churchill de animar a EEUU para unirse en la lucha contra Alemania, pues Roosevelt no se dio por enterado, aunque influyó en el Congreso para la sanción de la Ley de Préstamos y Arriendos. Pero, lo peor no había pasado, los alemanes no podían dejar Creta en manos británicas, porque para los Balcanes constituía una seria amenaza.


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