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Batalla Cabo Espartel [29 Septiembre 1936]

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Batalla Cabo Espartel [29 Septiembre 1936]

Mensaje  Compañia el Vie 8 Jun - 5:13:13



Después de los desastres sufridos en septiembre de 1936 por los republicanos en Irún, Fuenterrabía y San Sebastián y del fuerte bloqueo de los buques nacionales de la costa Norte, que estaban dejando sin un adecuado aprovisionamiento a las plazas republicanas de Bilbao, Gijón y Santander, unido al anuncio por parte de Mola de sus intenciones de lanzar una ofensiva sobre Bilbao, decidió que el ministro Indalecio Prieto Tuero ordenara, en la noche del 25 de septiembre de 1936, que una importante fracción de la escuadra pasase inmediatamente del Mediterráneo al Cantábrico, a fin de romper el bloqueo de los puertos, mantenido por la escuadra de los nacionales, y transportar a aquellas plazas municiones destinadas a las milicias que las defendían, pues los defensores de esta ciudad de la faja norteña en poder de la República, tenían armas, pero no disponían de municiones.

Después de trabajar toda la noche afanosamente en los preparativos indispensables, en la madrugada del 26 de septiembre se ponían en la ruta del Cantábrico dos divisiones navales: una, constituida por el acorazado Jaime I, cruceros Libertad y Miguel de Cervantes con los destructores Alsado, José Luis Díez, Lepanto y Lazaga y otra formada por los tres destructores Almirante Valdés, Almirante Antequera, Almirante Miranda y tres submarinos de la clase C.

El viaje hasta las aguas del norte transcurrió sin ningún incidente digno de mención. Doblado el cabo Finisterre, la mar era dura y la marcha de los barcos se retardaba un tanto, especialmente la del Jaime I. En la mañana del 28 de septiembre eran vistos a la altura de Zumaya algunos de estos navíos, lo que provocó cierta animación optimista en los republicanos.


Acorazado Jaime I

Entre los barcos de guerra que entonces fueron al Cantábrico, el acorazado Jaime I y los cruceros Miguel de Cervantes y Libertad, transportaban un importante cargamento de granadas de mano, bombas para aviones y municiones de ametralladora y fusil en gran cantidad. La llegada de estos navíos a Bilbao y la descarga del material que transportaban alentaron considerablemente a los milicianos norteños y les permitieron reorganizar los servicios de defensa y prolongar la resistencia. Al mismo tiempo, la presencia de estos barcos en el Cantábrico quebrantó, en un primer momento, el bloqueo de los nacionales y tornó posible el reabastecimiento de las poblaciones por vía marítima.


crucero Miguel de Cervantes


crucero Libertad

En la tarde del 28 sin buques nacionales en las inmediaciones de Bilbao y Gijón, se decidieron a salir a la mar algunos barcos de pesca, inmovilizados durante mucho tiempo por el bloqueo.

Durante los veinte días que los cinco submarinos, seis destructores, dos cruceros y un acorazado permanecieron en el Norte, no llevaron a cabo ninguna acción propia de su condición de marina de guerra. Resulta difícilmente comprensible que una escuadra tan poderosa no fuera empleada, por ejemplo, para cortar el tráfico mercante alemán con destino a los nacionales o para realizar algún desembarco en la costa occidental asturiana que desbaratara el avance de las columnas gallegas hacia Oviedo.

A mediados de octubre de 1936, cuando el mando nacional resolvía suspender la ofensiva sobre la faja Norte, a fin de concentrar todas las fuerzas disponibles en el gran ataque a Madrid, Indalecio Prieto determinó hacer regresar al Mediterráneo la mayor parte del núcleo de fuerzas navales que habían marchado para la costa Norte cuando el general Mola anunció su amenaza de ataque a Bilbao.


general Mola

La maniobra de la escuadra gubernamental coincidió, casi exactamente, con un movimiento estratégico aún más espectacular de la escuadra nacional, movimiento que iba a tener consecuencias mucho más inmediatas y decisivas en la guerra marítima.

Puesto apresuradamente en servicio el Canarias y ultimados en lo esencial los necesarios preparativos, el nuevo crucero, acompañado del Almirante Cervera, se hace a la mar y se dirige precisamente al teatro de operaciones que acaba de abandonar la flota enemiga: al Mediterráneo. Los marinos nacionales, disponiendo de la información correcta, eligieron la táctica adecuada, y aprovechando la presencia del grueso de la Flota en el Cantábrico, bajaron al Estrecho.

En la madrugada del día 29 de septiembre de 1936 alcanzaron el Estrecho de Gibraltar; al salir de él avistaron en el horizonte un buque de guerra que navegaba con rumbo al Estrecho; era un destructor. Como estaban aún cerca de Gibraltar y los destructores españoles eran iguales a los ingleses, existía la posibilidad de que el barco fuera británico, por cuyo motivo se le disparó con deriva, es decir, deliberadamente, a su derecha. Una vez ya algo más cerca, pudieron apreciar que el barco era el destructor republicano Almirante Ferrándiz. Entonces el Canarias, mandado por el capitán de navío Francisco Bastarreche, estrenó su artillería alcanzando al destructor desde 16.000 metros y con la segunda andanada y a 20.000 metros con la tercera. El destructor recibió un total de seis impactos de 200 mm. que dejaron el buque inmovilizado y en llamas sin haber podido realizar ningún disparo de respuesta. El destructor Almirante Ferrándiz se hundió a 18 millas náuticas al sur de la Punta de Calaburras, con casi toda su dotación, que estaba compuesta por 160 personas.


destructor Almirante Ferrándiz

Se suspendió el fuego para recoger a los náufragos. Fueron treinta y uno los que subieron a bordo del crucero, mientras se concedía la autorización, que pidió un buque francés que estaba próximo, para recoger a otros. La actuación del Canarias y del Almirante Cervera fue incesante, y ese mismo día, ya dieron escolta a los primeros transportes de soldados desde Ceuta a la Península.

La aviación y los submarinos republicanos se abstuvieron de intervenir en apoyo del sorprendido destructor. Carecían de toda información sobre la presencia en aquellas aguas de los dos cruceros del bando nacional. Tras este enfrentamiento naval, conocido a partir de entonces como la batalla del Cabo Espartel (29 de septiembre de 1936), quedaría roto para siempre el bloqueo del Estrecho por la Flota republicana. O sea, que mientras los republicanos perdían la comunicación con el Norte al caer en manos de los nacionales Irún y la frontera con Francia, estos también conseguían restablecer y asegurar el vital enlace marítimo entre el norte de África y la Península y dominar el paso del Estrecho.

Los éxitos alcanzados en el sur por los cruceros nacionales Canarias y Almirante Cervera, llevaron al ministro Indalecio Prieto a expedir un radio para Bilbao, destinado al acorazado Jaime I, disponiendo que sólo quedasen en la costa Norte el destructor José Luis Díez, los submarinos C-2, y el C-5, y el torpedero “Nº 3”, que ya estaba en estas aguas antes del golpe militar.


Crucero Canarias


Crucero Almirante Cervera

Hay que señalar que una vez se restableció la situación de la Marina tras los primeros días de conmoción revolucionaria del mes de julio, la situación de las fuerzas marítimas era la siguiente: treinta y ocho buques de guerra modernos y útiles, que desplazaban 64.005 toneladas, continuaron al servicio de la bandera republicana. Mientras que sólo 17 buques, con un total de 38.194 toneladas de desplazamiento, muchos de ellos incapaces de hacerse a la mar, cayeron en manos de los nacionales. La República también retuvo dos tercios de los buques auxiliares y de servicio. Pese a esto, a los pocos meses, la rápida finalización de los que estaban en construcción cuando estalló el conflicto (Canarias y Baleares, principalmente) y las unidades que estaban en los arsenales esperando su reparación, establecieron un mayor equilibrio entre las dos fuerzas. Cada uno de los contendientes tenía a su disposición un arsenal grande y otro pequeño, pero era clara la ventaja de los nacionales en instalaciones para la reparación de los buques.

La Marina Mercante española siguió los pasos de la Armada. Los oficiales se decantaron hacia el alzamiento y las dotaciones hacia el Frente Popular. Fue común durante el levantamiento que los oficiales y dotaciones de los barcos comerciales y pesqueros siguieran el curso de los acontecimientos locales del puerto donde se hallaban surtos y que se inclinaran hacia el lado que el puerto se había definido. Los barcos en alta mar o en puertos extranjeros tuvieron que tomar sus propias decisiones. En total, alrededor del 75 por ciento de la Marina Mercante permaneció del lado de la República.

Una de las razones que, con esta ventaja inicial en el mar por parte de la República, sólo se cosecharan sonados fracasos o nulas actuaciones de la Armada republicana, el historiador hispanista Hugh Thomas lo atribuye a que: Estos oficiales de la marina, que eran técnicamente leales a la República, solían ser muy poco entusiastas de la revolución; mientras que gran parte de la marinería estaba constituida por anarquistas.


Capitan Nikolai Kuznetsov

El capitán Nikolai Gerasimovich Kuznetsov –agregado naval soviético y asesor del bando republicano durante la Guerra Civil desde el 5 de septiembre de 1936 al 15 de agosto de 1937, y que promovió los bombardeos navales de los puertos de Algeciras, Cádiz, Arcila y Larache– describió una visita al acorazado Jaime I en la que encontró que se estaban celebrando por lo menos tres reuniones políticas. Nunca cesaban las disputas y las discusiones. El lema “conquistar o morir” se oía por todas partes, pero los anarquistas ni conquistaban ni morían. Esta indisciplina entre los hombres, la ignorancia de muchos de los que eran nombrados para el mando de los barcos, y el conflicto de sentimientos en el corazón de los comandantes supremos, fueron las razones del fracaso de la Flota republicana.


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