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Sitio de Oviedo [19 Julio al 17 Octubre 1936]

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Sitio de Oviedo [19 Julio al 17 Octubre 1936]

Mensaje  Compañia el Dom 24 Jun - 3:17:31


El día 17 de julio de 1936 el general Franco y el general Mola dan el golpe de Estado contra la Segunda República Española, empezando la Guerra Civil. En dicho contexto la ciudad de Oviedo se une a las fuerzas sublevadas por orden del jefe de la guarnición, el coronel Antonio Aranda. Desde entonces ésta quedó sitiada por las milicias mineras y obreras que se habían mantenido fieles a la República.


Tras conocerse en la península Ibérica la sublevación del 17 de julio de 1936 de las tropas españolas en Marruecos contra el gobierno de la República, sindicatos obreros y partidos izquierdistas empiezan a formar milicias armadas para combatir la revuelta. En Oviedo (capital de la provincia de Asturias) el coronel Antonio Aranda se halla a cargo de la guarnición local y anuncia su lealtad al gobierno republicano. En tanto Aranda era integrante de la masonería y había manifestado opiniones favorables a la República en el pasado, las autoridades de Madrid aceptaron sus declaraciones y permitieron que centenares de mineros de la región asturiana dejaran su provincia para acudir a formar milicias en otras zonas.


Coronel: Antonio Aranda

No obstante, el día 19 el coronel Aranda se unió a la sublevación con el apoyo de las tropas bajo su mando, mientras convocaba a Oviedo al personal de la Guardia Civil y de la Guardia de Asalto. En tanto los partidos de izquierda habían enviado a la mayoría de sus simpatizantes -entre ellos cientos de mineros- fuera de la provincia dos días antes, por lo que resultó fácil a los rebeldes tomar control de toda la ciudad, con escasa oposición.

La situación de los sublevados franquistas en Oviedo era muy difícil, pues todo el resto de Asturias exceptuando los cuarteles sublevados en Gijón se mantenía al lado del gobierno, con lo cual pronto milicias republicanas cercaron la ciudad. Además, disponían las fuerzas de la república del material obtenido de la fábrica de armas de Trubia y de una proporción de diez a uno en cuanto a número de efectivos. Aranda había previsto esta posibilidad en tanto la provincia había sido un bastión de izquierdas desde la Revolución de Asturias de 1934; no obstante -debido a este evento- las autoridades de la República habían aumentado desde entonces el número de tropas de guarnición en Oviedo y habían depositado allí gran cantidad de armas de largo alcance y municiones. Aún así, eran escasísimas para la defensa de un perímetro enorme con tan solo cuatro baterías de montaña, siendo rápidamente superada la fuerza de fuego por parte de las tropas de la república, que dispuso desde los altos que circundaban Oviedo de la posibilidad de no necesitar siquiera el tiro parabólico para percutir sobre las exiguas fuerzas de los rebeldes.

Casi todas las tropas regulares de la provincia estaban concentradas en Oviedo y se habían unido a la revuelta. En consecuencia las tropas republicanas que se oponían a los sublevados estaban formadas casi exclusivamente por milicias de obreros y mineros de los sindicatos UGT y CNT, en una excelente ubicación estratégica cercaban totalmente Oviedo desde las colinas que la rodeaban y muy superiores en número a los rebeldes, pero con escaso entrenamiento militar y poca munición disponible.


Otra dificultad de las milicias republicanas era que simultáneamente las tropas en el puerto de Gijón se habían unido también a la revuelta militar contra la República y en consecuencia las milicias decidieron primero derrotar a los rebeldes de Gijón y así conservar este puerto estratégico y sólo después recuperar Oviedo; tal decisión ayudó a Aranda y sus tropas a fortalecer sus defensas ganando valioso tiempo.

Cuando terminó el Sitio de Gijón el 21 de agosto, la totalidad de las milicias republicanas se dirigió inmediatamente en ofensiva contra Oviedo, hallando que los rebeldes ya habían tomado las colinas que rodeaban la ciudad y hacían ahora más difícil un avance exitoso de los republicanos. Si bien las milicias cortaron el suministro de agua inmediatamente, dentro de la ciudad ya había reservas suficientes de agua y alimentos para sostener la resistencia de los sublevados. Al aproximarse desde Galicia tropas del bando nacional en apoyo de los cercados de Oviedo, los ataques de las milicias se hicieron más severos y sostenidos, con artillería que bombardeaba la ciudad, relativamente pequeña.


La gran ventaja de las milicias republicanas era su abrumadora superioridad numérica (algunos autores calculan aproximadamente 3.000 sublevados contra 10.000 milicianos) y en el curso del mes de septiembre el cerco se hizo más estrecho al ir conquistando las milicias las colinas donde se atrincheraron los rebeldes. El agua empezó a escasear en Oviedo, causando enfermedades infecciosas entre la población civil y los sublevados, bajas que no podían ser repuestas fácilmente.

Los milicianos determinaron lanzar la ofensiva final sobre la plaza el 4 de octubre, fecha que coincidía con un aniversario más de la Revolución de Asturias de 1934. La intensidad de los ataques y bombardeos de las milicias aumentaba al llegar la noticia de que tropas franquistas llegadas desde Galicia estaban a sólo 40 kilómetros de Oviedo, presionando a las tropas republicanas a tomar la ciudad cuanto antes. Hacia el 12 de octubre las milicias habían vencido todas las defensas del perímetro de Oviedo y empezó el combate urbano dentro de los edificios de la ciudad misma, con gran tenacidad de ambos bandos.


La situación de los rebeldes se hacía muy difícil pues pese a contar aún con suficiente munición habían perdido casi dos tercios de sus tropas, mientras las milicias más numerosas se lanzaban a intensísimos ataques de guerra urbana para terminar de tomar la ciudad antes de que llegasen las tropas franquistas de Galicia. El general Aranda ordenó una desesperada defensa a ultranza de sus tropas, donde participó personalmente, previendo si fuera necesario abandonar la defensa de toda la ciudad y la retirada a una serie de bastiones.


Entre tanto, Oviedo era escenario de combates en calles, plazas e inclusive dentro de las casas y edificios. La tenacidad de las milicias republicanas les causó enormes bajas aproximadamente 5.000 bajas tras el 4 de octubre, mientras Aranda y sus hombres prácticamente combatían entre las ruinas de sus cuarteles. Dicho esfuerzo final de las milicias republicanas resultó en vano cuando el día 16 de octubre las tropas rebeldes de Galicia entraron en Oviedo, se unieron a las fuerzas de Aranda y obligaron a la retirada de las milicias, ya casi sin municiones para seguir combatiendo contra un enemigo reforzado.


Consecuencias

Las tropas sublevadas habían establecido un corredor terrestre desde Galicia hasta Oviedo, cruzando la zona republicana del oeste asturiano, pero con el curso de los días también habían ocupado sectores montañosos del oeste de Asturias. Las milicias republicanas volvieron a sus posiciones previas al sitio, que dejaban de hecho a la ciudad semicercada convirtiéndola de nuevo en escenario bélico en los meses siguientes al no renunciar el gobierno de Belarmino Tomás a la toma de la plaza, poniendo especial empeño en bombardear el hospital de Oviedo como venganza de su incapacidad para tomar la ciudad tras el sitio pertinaz al que fue sometida el telegrama en que da la orden de bombardeo sobre el hospital está disponible en la hermandad de defensores de Oviedo. Pese a ello, las milicias republicanas no recibieron nuevas ordenes para avanzar sobre Oviedo, y aunque se mantuvieron los bombardeos no hubo intentos del bando republicano para retomar la ciudad.


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