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Sublevacion Militar en Melilla [17 Julio 1936]

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Sublevacion Militar en Melilla [17 Julio 1936]

Mensaje  Compañia el Jue 28 Jun - 0:09:47


La Sublevación militar del 17 de julio de 1936 en Melilla fue una rebelión militar como parte del Golpe de Estado del 18 de Julio de 1936 que tuvo lugar en la ciudad de Melilla y que significó el inició de la Guerra Civil Española.


Como ya había previsto el General Mola en su planes golpistas, en Melilla empezaría la rebelión militar contra la II República Española pero empezaría el día 18, no el 17 como ocurrió. Un registro policial en el centro de la conspiración provocó que los golpistas adelantaran el golpe, sin perturbar esto sus planes, aunque este adelantamiento si afectaría a otras partes de la conspiración. Antes de terminar el 17 de julio, los militares alzados se habían hecho con el control de toda la ciudad y sus alrededores, dando el pistoletazo de salida a la rebelión el Marruecos español.


General: Emilio Mola Vidal

El Protectorado marroquí era la mayor guarnición española de todo el ejército, consecuencia de lo conflictivo de la zona y especialmente, tras la sangrienta Guerra del Rif. Por tanto, en los planes conspirativos del General Mola contra el gobierno del Frente Popular, la guarnición africana era uno de los elementos claves. La sublevación militar que daría lugar a la Guerra Civil Española empezaría en Melilla.

Aunque en Melilla gobernaba el Frente Popular, las posibilidades del gobierno de Madrid frente a una intentona golpista eran mínimas, dado que la mayoría de los oficiales de la guarnición estaban comprometidos con la conspiración militar, a excepción del comandante en Jefe de la Circunpscripción Oriental, el General de brigada Manuel Romerales Quintero, y unos pocos militares fieles al gobierno.

La conspiración en Melilla

La noche del 16 al 17 de julio, el general Romerales se dio una vuelta por la ciudad, en busca de actividades sospechosas. En la casa del pueblo bromeó con los dirigentes socialistas: Ya veo que las masas se mantienen en vela. Regresó a casa convencido de que todo iba bien. Era el más gordo de todo el generalato español, y uno de los más fáciles de engañar.


General: Manuel Romerales

A la mañana siguiente los oficiales de Melilla comprometidos con la conspiración celebraron una reunión en la Comisión de Límites (Sala de Cartografía) del Cuartel general. El Coronel Juan Seguí, jefe de la falange y de la sublevación en el Marruecos oriental, comunicó a sus compañeros la hora exacta en que comenzaría la sublevación: las 5 de la mañana del día siguiente. Se trazaron planes para apoderarse de los edificios públicos, que fueron revelados a los dirigentes locales de Falange.

Uno de estos dirigentes, Álvaro González, los traicionó e informó al dirigente local de Unión Republicana, quién se le confió al presidente de la Casa del Pueblo, quien se lo comunicó a Romerales. Cuando los conspiradores volvieron a la sala de cartografía después de comer, y cuando ya se habían repartido las armas, el teniente Zaro rodeó el edificio con soldados y policías. El teniente, entonces, se enfrentó a sus oficiales superiores insurrectos. Sorprendidos, uno de estos, el Coronel Darío Gazapo, preguntó jovialmente a Zaro:

Darío Gazapo: ¿Qué le trae por aquí, teniente?.

Teniente Zaro: Tengo que registrar el edificio en busca de armas.

Gazapo dijo entonces que se necesitaba una orden del general de la Circunscripción y telefoneó a Romerales

Darío Gazapo: ¿Es cierto, mi general, que ha dado usted órdenes de que se registre el departamento cartográfico?.

Romerales: Sí, sí, Gazapo, hay que hacerlo.

Había llegado al hora de la decisión, prematuramente, pero no por ello con menos certeza. Gazapo, que era un oficial miembro de la Falange, telefoneó a una unidad de la Legión extranjera para que acudiera a auxiliarle. Ante la presencia de la Legión, Zaro vaciló, reconociendo que sus hombres no tenían nada que hacer frente a los legionarios, y se rindió. Entonces, el coronel Seguí se dirigió al despacho de Romerales, donde entró pistola en mano.


El golpe triunfa en Melilla

En el interior del despacho se estaba produciendo un altercado entre unos oficiales de Romerales que insistían en que el general debía dimitir, y otros que querían resistir. Casares Quiroga, que había sido informado de la aviesa reunión en el departamento cartográfico, había ordenado a Romerales que detuviera a Gazapo, Seguí y todos aquellos oficiales que se mantuvieran insurrectos.


Santiago Casares Quiroga
Ministro de Guerra y Jefe del Gobierno de Azaña

Pero en una situación como aquella, ¿Quién iba a llevar a cabo una orden como aquella? Romerales permanecía indeciso. Entonces Seguí entró en el despacho y, a punta de pistola, obligó al general a rendirse. Los oficiales insurrectos declararon el estado de guerra, ocuparon todos los edificios públicos de Melilla (incluido el aeródromo) en nombre del General Franco como Comandante en Jefe de Marruecos (a pesar de que todavía se encontraba en las Canarias), cerraron la Casa del Pueblo y los centros izquierdistas, deteniendo a todos aquellos dirigentes de grupos republicanos o de izquierdas.

Varios enfrentamientos tuvieron lugar en los alrededores de la casa del Pueblo y en los barrios obreros, pero los trabajadores fueron cogidos por sorpresa y carecían de armas. Esta forma de insurrección fue el modelo que se siguió en el resto de Marruecos y en España. Todos los detenidos que se habían resistido a la rebelión fueron fusilados, incluidos Romerales, el delegado del gobierno y el alcalde.

Al atardecer, se habían conseguido listas de miembros de sindicatos, partidos de izquierdas y logias masónicas. Todas las personas que figuraban en las listas también fueron detenidas. Cualquiera del que solamente se supiera que había votado por el Frente Popular en las elecciones de febrero estaba en peligro. A partir de entonces Melilla se rigió de acuerdo por la Ley marcial. El Coronel Luis Solans Labedán quedó al frente de la Comandancia Militar de Melilla.


Coronel: Luis Solans Labed

Éste, a las 01:00 del 18 de julio de 1936 envía a la Comandancia militar de Las Palmas un telegrama dirigido al general Francisco Franco anunciándole que ya eran dueños de la ciudad de Melilla.


La resistencia en El Atalayón

A pocos Km. de Melilla se encontraba la Base de Hidroaviones del Atalayón, al mando del Comandante Leret Ruiz. Éste ya se había declarado diametralmente opuesto a la conspiración golpista y cuando tuvo noticia de lo sucedido en la ciudad siguió manteniéndose fiel al gobierno republicano.


Comandante: Virgilio Leret Ruiz

A pesar de los pocos medios y hombres que disponía a su mando, se mantuvo en sus trece cuando el 2º Escuadrón del Tabor de Caballería de Regulares, al mando del capitán Corbalán, acudió a la zona para suprimir la resistencia. Durante este ataque, el fuego de Leret y sus hombres causó la muerte de un sargento y un soldado marroquíes de la unidad atacante.

Ante la resistencia de la base, el 2º Tabor de Infantería de Regulares, al mando del comandante Mohamed ben Mizzian, interrumpió su marcha hacia Melilla para cooperar en el asalto.El capitán Leret estuvo resistiendo durante varias horas hasta que agotó la munición y él y sus pocos hombres se vieron finalmente superados ante los 2 tabores de regulares que fue enviada para suprimir su resistencia.


Comandante: Mohamed ben Mizzian

Leret fue rápidamente hecho prisionero y sería fusilado "al amanecer del 18 de julio, semidesnudo y con un brazo roto", junto con los alféreces Armando González Corral y Luis Calvo Calavia.




Consecuencias

Con el triunfo de los militares alzados en Melilla se dio el pistoletazo de salida a toda la conspiración golpista, empezando por territorio del Protectorado de Marruecos. El coronel Seguí telefoneó a los coroneles Eduardo Sáenz de Buruaga y Juan Yagüe, encargados de la organización de la conspiración en Tetuán y Ceuta, respectivamente.


Solans telegrafió a Franco (que se encontraba en Las Palmas para asistir al entierro del General Balmes), explicándole el por qué el Alzamiento en Melilla había comenzado antes de la hora convenida. Sáenz de Buruaga y Yagüe pasaron entonces a la acción, improvisando 12 horas antes de lo que estaba previsto el día 18.15 Pero he aquí una de las consecuencias que no se suelen tener en cuenta.

Las instrucciones de Mola estipulaban que todas las unidades implicadas en el alzamiento estuvieran dispuestas para la acción el día 17 a las 5 de la tarde, (el 17 a las 17 horas), para empezar el Alzamiento en Marruecos el día siguiente 18 de julio.

En puntos clave de la península empezaría también el día 18, y en otros sitios incluida Pamplona, donde se encontraba Mola, el 19. La noticia de la sublevación en Marruecos sembró la confusión entre los conspiradores de la península: ¿Tenían que atenerse a la fecha planeada, o también tenían que adelantar su actuación? En muchos casos sería decisivo este retraso, ya que la sublevación se adelantó pero muchos militares implicados en la conspiración siguieron adelante con lo establecido y se sublevaron el día 19. Esto concedió una ventaja de dos días al gobierno que, aún así, tardó mucho en responder, que en muchos lugares pudo rechazar la sublevación al haber podido organizar la resistencia.




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