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Batalla de Belchite [24 de Agosto al 6 de Septiembre 1937]

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Batalla de Belchite [24 de Agosto al 6 de Septiembre 1937]

Mensaje  Compañia el Vie 6 Jul - 2:22:14


La Batalla de Belchite fue un conjunto de operaciones militares comprendidas en el marco de la Ofensiva republicana sobre Zaragoza desarrolladas durante la Guerra Civil Española entre el 24 de agosto de 1937 y el 6 de septiembre del mismo año en los alrededores e interior de esta población zaragozana. Para conquistar la pequeña localidad hubo que movilizar un gran número de hombres y medios militares que habrían sido más necesarios en el avance hacia la capital aragonesa, principal objetivo de la operación. Así pues, la Batalla por Zaragoza acabó convirtiéndose en la Batalla por conquistar Belchite. Aunque la pequeña población cayó en manos republicanas, su lucha fue a un elevado coste para el Ejército Popular de la República, además de que significó el fracaso de la operación sobre Zaragoza.




Después del fracasado intento de demorar el avance de los nacionales en el Norte, mediante el ataque a Brunete, el gobierno republicano presidido por Juan Negrín y con Indalecio Prieto como ministro de Defensa, decide llevar a cabo una nueva ofensiva en Aragón con el mismo objetivo que la anterior, esto es ralentizar el avance de las fuerzas nacionales en el frente del norte, donde ya habían tomado Santander.


No obstante, la decisión no sólo tenía razones de orden militar, sino también político. Los nacionalistas y anarquistas catalanes se quejaban de que el gobierno central no prestaba atención al frente de Aragón, lo que provocaba falta de moral entre sus fuerzas debido a la inactividad.

Por su parte, el gobierno central estaba preocupado por la influencia de los anarquistas y del POUM en la zona, donde el Consejo Regional de Defensa de Aragón, presidido por Joaquín Ascaso, funcionaba en la práctica como un gobierno independiente.


Joaquín Ascaso

Así se pensó que con la introducción de fuerzas comunistas y la incorporación de tres divisiones anarquistas al recién creado Ejército del Este, al mando del general Pozas, se podría poner fin más fácilmente a esa influencia anarquista, como así fue.


General: Pozas Perea

El objetivo militar era la toma de Zaragoza, situada a pocos kilómetros tras las líneas enemigas, acción que supondría un triunfo más que simbólico, ya que esta ciudad era el centro de comunicaciones de todo el frente de Aragón y su ocupación por la República dificultaría sobremanera el control de los rebeldes sobre suelo aragonés.

Además, tras un año de guerra, se había reforzado la creencia entre los mandos del Ejército Popular de la República de que la posesión de ciudades clave era una estrategia mucho más ventajosa que el control de grandes áreas de territorio despoblado.

Con estas premisas, el general Pozas y su Jefe de Estado Mayor, el coronel Antonio Cordón, establecen su cuartel general en Bujaraloz. Su plan era atacar por siete puntos diferentes en una franja central de 100 km entre Zuera y Belchite. El dividir las fuerzas atacantes entre siete puntos distintos tenía por objeto dificultar el contraataque de los nacionales, así como ofrecer el menor blanco posible a los ataques aéreos.




Ofensiva republicana

De acuerdo con el plan trazado, el 24 de agosto el general Pozas, con el recién formado Ejército del Este y las XI y XV Brigadas Internacionales; al mando de "Walter" (Karol Swierczewski), iba la 35ª División, que ahora incluía la XV Brigada Internacional (británicos, canadienses y americanos), lanza un ataque simultáneo por tres puntos fundamentales y cinco secundarios en dirección a Zaragoza.


Participan 80.000 hombres, tres escuadrillas de la aviación republicana con Polikarpov I-16 (moscas), Polikarpov I-15 (chatos) (unos 90 aviones en total) y 105 carros T-26 soviéticos.

En los dos primeros frentes (norte y centro) sólo se logró ocupar terreno vacío. En el frente sur las poblaciones de Quinto, Mediana y Codo estaban escasamente guarnecidas y cayeron en poder del ejército republicano el 26 de agosto, aunque las tropas republicanas de la 11ª División (mandada por Enrique Líster) y de la 24ª División (estas dos, junto a las internacionales 35ª y 45ª están integradas en el V Cuerpo de Ejército de Modesto) gastan algunos días más en reducir los núcleos de resistencia del ejército sublevado que van quedando atrás, deteniendo el avance hacia Fuentes de Ebro.

Las tropas de la 45ª División dirigidas por Emilio Kléber, llegan a seis kilómetros de Zaragoza y amenazan directamente la ciudad, pero no logran lanzar un ataque contra la ciudad porque mientras tanto las Divisiones 11ª y 24ª se dedican a eliminar un inesperado foco de resistencia de los nacionales situado en la localidad de Belchite. Para entonces dicha localidad había formado una bolsa de resistencia apreciable, donde la resistencia de los nacionales sitiados fue considerable, aunque solamente estaban concentrados allí unos 7.000 soldados y voluntarios civiles dirigidos por el comandante (y alcalde de la población) Alfonso Trallero, que perecería en los combates.


Parapetados en fortificaciones de hierro y cemento y disponiendo de varios nidos de ametralladoras, los nacionales aprovecharon los edificios de Belchite para instalar su dispositivo de defensa, colocando sacos de arena como barricadas en las calles de la localidad, para retardar el avance de las fuerzas republicanas que trataban de reducir la bolsa desde el 1 de septiembre. Aún cercados, los sublevados se defendieron tenazmente durante varios días, mientras que las tropas republicanas detenían su avance en otras zonas para dedicarse a sofocar la resistencia de Belchite.


Entonces el general de milicias Juan Modesto decidió lanzar toda la 24ª División contra Belchite, para eliminar este bastión a la retaguardia de sus tropas, la aviación republicana colaboró en este esfuerzo, hasta que la propia población quedó destruida por los ataques de artillería y bombardeos aéreos; la acumulación de escombros en Belchite dificultó más a la infantería republicana su tarea de reducir a los defensores del poblado.


Esta operación significó una demora de cinco días más, pues los nacionales cercados en Belchite resistieron hasta el 7 de septiembre. Para ese momento el frente de los nacionales había recibido refuerzos, y desde Zaragoza se planificó una contraofensiva a partir del 30 de agosto, que recuperó algún terreno pero fue detenida por la 45ª División de Kléber y no logró socorrer a los nacionales cercados en Belchite. De hecho, cuando la 11ª División de Líster sofocó la resistencia en Belchite, el avance de la 45ª División ya había sido repelido por los nacionales.


La ofensiva fracasó porque en lugar de avanzar sobre Zaragoza, las fuerzas republicanas se concentraron en tomar Belchite que había formado una bolsa en medio del territorio ganado, con una cantidad de tropas diez veces menor a las tropas de la República. Pese a la abrumadora ventaja numérica de las tropas republicanas sobre los nacionales cercados en Belchite, las divisiones bajo el mando de Modesto dieron prioridad a la toma de esta localidad y tornaron muy lentos sus avances, perjudicando a la división de Emilio Kléber que no podría lanzar por sí sola un ataque decisivo contra la capital aragonesa. Esta "operación de limpieza" produjo un retraso considerable, que dio lugar a que los nacionales pudieran reforzar sus posiciones y el frente quedara estabilizado.


Contraofensiva de los sublevados

Antes de la ofensiva republicana, los nacionales sólo disponían en la zona de tres divisiones, la 51ª, la 52ª y la 105ª, desplegadas a lo largo de los 300 km de frente, con la mayoría de las tropas concentradas en centros poblados.

Los efectivos rebeldes, tras el comienzo de la ofensiva se componían de cinco divisiones al agregarse también la 13ª y la 150ª, que fueron retiradas del frente de Madrid, artillería (de la que carecía el bando republicano) y 65 Fiat CR-32, Heinkel He 46, Savoia-Marchetti S.M.79 y Messerschmitt Bf-109. La contraofensiva se inició el 30 de agosto y acabó el 6 de septiembre, coincidiendo con la rendición de los defensores nacionales de Belchite y ser tomada esta población por los republicanos.

No obstante, en esta ocasión el estado mayor del bando nacional no repitió la reacción de la Batalla de Brunete ocurrida unas semanas antes: se enviaron refuerzos desde el frente madrileño pero no se detuvo la ofensiva sobre Cantabria, siendo que Franco y sus generales se contentaron con detener y neutralizar la ofensiva republicana hasta donde fuera posible, sin movilizar grandes masas de tropas para recuperar el terreno perdido. Los únicos éxitos nacionales fueron el derribo de cinco I-15 republicanos, puesto que no se lograron traspasar las posiciones republicanas en Mediana y Puebla de Albortón.


Consecuencias

Aunque desde el punto de vista táctico el resultado fuera favorable para las armas republicanas, se ganó un territorio de cierta extensión y la contraofensiva de los nacionales no traspasó sus líneas, el balance general ante la situación de la guerra en modo alguno podía considerarse satisfactorio para el gobierno de la República. El objetivo final del plan republicano, tomar la estratégica ciudad de Zaragoza, no se cumplió pese al vasto sacrificio de tropas y material. Así lo expresó Indalecio Prieto, el ministro de Defensa que se mostró muy crítico con la influencia de los asesores soviéticos sobre las tácticas del Ejército Popular de la República (influencia que Prieto consideraba desmedida); ello quedó acreditado mediante un telegrama dirigido al general Sebastián Pozas en el que le decía:

«Tantas fuerzas para tomar cuatro o cinco pueblos no satisfacen ni al ministerio de Defensa ni a nadie».

Por otra parte, no se consiguió tampoco el objetivo de hacer más lenta la ofensiva de las tropas nacionales en el frente del Norte. De hecho, los mandos militares del bando sublevado detuvieron la ofensiva republicana pero, a diferencia de lo ocurrido semanas antes en la Batalla de Brunete, no distrajeron la mayor parte de sus fuerzas, que continuaron su ofensiva en el Norte y entraron en Santander el día 26 de agosto (al segundo día de la ofensiva republicana), limitándose a ceder a la República unas pocas localidades de valor estratégico muy escaso en comparación a las ventajas que pensaban obtener los nacionales con la rápida ocupación de Cantabria y Asturias.



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