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Jornadas de Mayo [3 al 8 de Mayo 1937]

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Jornadas de Mayo [3 al 8 de Mayo 1937]

Mensaje  Compañia el Vie 27 Jul - 19:11:11


Las Jornadas de Mayo de 1937, muchas veces llamadas también Sucesos de Mayo, Sucesos de Barcelona o Hechos de Barcelona, son una serie de enfrentamientos sucedidos principalmente entre el 3 y el 8 de mayo de 1937 en diversas localidades de las provincias de Cataluña, con epicentro en la ciudad de Barcelona, que enfrentaban a los grupos Anarquistas y Trotskistas (partidarios de la Revolución), por un lado, y al Estado republicano, la Generalidad de Cataluña y algunos grupos políticos, por otro lado. Fue el punto culminante del enfrentamiento entre la legalidad republicana de la preguerra y la Revolución, que estaban en roce constante desde el 18 de julio de 1936.




La contrarrevolución en marcha: los hechos antecedentes

El PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña), de ideología marxista-leninista, fue fundado el 23 de julio de 1936 como producto de la fusión entre las federaciones catalanas del PSOE y del PCE. El POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), cercano al trotskismo, nació el 29 de septiembre de 1935 como resultado de la unificación de la Izquierda Comunista de España (ICE) y el Bloque Obrero y Campesino (BOC).

La tirantez entre el POUM y el PSUC provenía tanto de una lucha hegemónica de ambos grupos comunistas sobre la UGT catalana, como del carácter trotskista del primero. Estaba en plena vigencia la campaña stalinista contra el trotskismo y en general, contra todos los opositores a su política. El POUM era presentado como agente del fascismo internacional, y quedó eliminado del gobierno de la Generalitat después de la crisis provocada con este fin por el PSUC. En aquella época llegó a Barcelona un barco soviético con víveres y este hecho, que suscitó en verdad fervorosa adhesión popular, y sirvió para que se incrementase una campaña detractora contra el anterior consejero de Abastos del gobierno de la Generalitat, Domenech, perteneciente a la CNT.

El nuevo gobierno de la Generalitat emprendió una reorganización de los servicios de policía. El consejero de Seguridad Interior, Artemio Ayguadé, comunista que se hacía pasar por republicano, dio posesión de la Comisaría de Policia a Eusebio Rodríguez Salas, afiliado al PSUC. El 23 de enero de 1937, la UGT catalana, bajo la influencia del PSUC, celebró un congreso de pequeños propietarios del campo en que se atacó abiertamente a las colectividades.

A primeros de marzo de 1937, el consejero de Seguridad Interior dictó varios decretos por los que se disolvían el Consejo de Seguridad Interior, formado por los representantes de todos los sectores, los Consejos de Obreros y Soldados y las Patrullas de Control. Asi mismo, se prohibía la afiliación de las fuerzas de orden público, so pena de expulsión. La crisis de gobierno que siguió por espacio de un mes dio lugar a peligrosas tensiones y, el 30 de marzo, el Comité Regional de la CNT cursó una circular a los militares, federaciones y sindicatos, recomendándoles vigilancia y contacto permanente.

El 26 de marzo quedó resuelta esta nueva crisis de la Generalitat con los mismos personajes del anterior gabinete, pero los decretos de Orden Público quedaron en suspensión.

El 25 de abril resultó asesinado cerca de Barcelona el afiliado al PSUC, Roldán Cortada, que antes había sido afiliado a la CNT (y, por cierto, firmante del famoso manifiesto de los Treinta). En respuesta, fueron detenidos varios anarquistas a quienes no se pudo probar ninguna responsabilidad en el hecho. En el entierro de Cortada, al que asistieron fuerzas armadas y de policia, se gritaron consignas contra los anarquistas. Se siguieron diversos incidentes, con la muerte de tres militantes de la CNT dos días después.

Companys había decidido abandonar la táctica de un gobierno de la Generalitat de unidad antifascista para adoptar la postura propugnada por Joan Comorera, secretario del PSUC, que consistía en imponer por la fuerza un gobierno «fuerte» que no tolerase ya una CNT incapaz de meter en cintura a sus propios militantes, calificados como «incontrolados». Así pues, Companys estaba decidido a romper una política de pactos con la CNT, cada vez más difícil, y creyó que había llegado la hora, gracias al apoyo del PSUC y los soviéticos, de imponer por la fuerza la autoridad y decisiones de un gobierno de la Generalitat que, como los hechos demostraron, aún no era lo bastante poderosa como para dejar de negociar con la CNT. Esto desembocó directamente en los enfrentamientos armados de mayo.

El 1 de mayo, la fuerza pública practicó numerosos cacheos en la calle. Fueron desarmados y detenidos numerosos militantes de la CNT. El 2 de mayo Solidaridad Obrera lanzaría la siguiente consigna:




La lucha en las calles de Barcelona

La situación conflictiva entre las tendencias que se proponían la revolución por la base, y la conquista del poder político por la cúspide, culminó el mismo día 2 con el ataque por sorpresa de doscientas unidades de las Fuerzas de Asalto de la Comisaria de Orden Público al edificio de la Telefónica. Esta entidad estaba incautada por la CNT y la UGT, de acuerdo con el decreto de Colectivizaciones en vigor. La orden de ocupación procedía de Artemio Ayguadé, que tomó la decisión sin contar con los demás miembros del gobierno catalán, pero su actitud fue desestimada por los trabajadores, que cerraron el paso de la fuerza pública hacia los pisos superiores, a la vez que comunicaban la noticia a toda la organziación confederal.

Los militantes cenetistas organizaron una dura resistencia gracias a una ametralladora instalada estratégicamente. La noticia se propagó rápidamente. De forma inmediata se levantaron barricadas en toda la ciudad. No debe hablarse de una reacción espontánea de la clase obrera barcelonesa, porque la huelga general, los enfrentamientos armados con las fuerzas de policía y las barricadas fueron fruto de la iniciativa tomada por el Comité de Investigación de la CNT-FAI y los Comités de Defensa, rápidamente secundada gracias a la existencia de un enorme descontento generalizado.


El día 3, la increíble lucha se plantó y se propagó a la calle. Se habían formado dos bandos: la fuerza pública -cuya apoliticidad se había pretendido, el PSUC, la UGT y los extremista de Estat Catalá, por un lado. La CNT-FAI, Juventudes Libertarias y POUM por otro. La reacción al intento de ocupación de la Telefónica partió de los militantes anarcosindicalistas de base, en desacuerdo con los Comités orgánicos representativos, que trataron de apaciguar la situación.

Nuevamente, como en julio de 1936, la lucha fue asumida por los Comités Confederales de Defensa de los Barrios que se adueñaron de las barriadas extremas. Sus adversarios dominaron sitios estratégicos de la ciudad. Numerosos puntos de uno y otro bando quedaron aislados y sitiados en el centro.


Barricadas en mayo del 37 en Barcelona

Los Amigos de Durruti fueron los combatientes más activos en las barricadas, y dominaron completamente la plaza Maciá (ahora plaza Real), con todos los accesos bloqueados con barricadas, y la calle Hospital en toda su longitud. En el cruce Ramblas/ calle Hospital, bajo un enorme retrato de Durruti colocado en la fachada del piso donde estaba la sede de la Agrupación, levantaron una barricada donde establecieron su centro de operaciones. El absoluto control de la calle Hospital enlazaba con la sede del Comité de Defensa Confederal (cuartel central de los Comités de Defensa), en Los Escolapios de la Ronda San Pablo, y de allí con la Brecha de San Pablo, tomada por una cuarentena de milicianos de la Rojinegra, que al mando del durrutista Máximo Franco habían «bajado a Barcelona» en labor de «observación e información», después que tanto la Columna Rojinegra como la Lenin (del POUM), mandada por Rovira, hubieran cedido a las presiones recibidas para que sus respectivas unidades regresaran al frente.

Los Comités de la CNT trataban de demostrar la extralimitación de funciones del consejero de Seguridad Interior y mientras, la radio CNT-FAI, difundía sin cesar proclamas tendetes a imponer el "alto el fuego". Estas proclamas frenaron el impulso ofensivo de los cuadros de base, desconcertados por la actitud conciliadora de los Comités responsables. Estas vacilaciones eran aprovechadas por sus enemigos para conquistar nuevas posiciones.

Desde los micrófonos oficiales los dirigentes político instaban también a la concordia, Por su parte, el gobierno central dictó severas medidas contra la "sublevación" de Barcelona. Federica Montseny y García Oliver, miembros de la CNT en el gobierno central, salieron precipitadamente para Barcelona, con la misión de mediar en la lucha. García Oliver dijo en su alocución:


Habiendo exigido Companys el establecimiento de la supremacía de la fuerza pública en la calle, la lucha se recrudeció. El día 5 dimitió el gobierno de la Generalitat, y la CNT exigió la dimisión de Ayguadé. El comité Regional Confederal propuso una gran tregua, manteniéndose los combatientes en sus respectivas posiciones. La política de apaciguamiento de los Comités Confederales produjo hondo disgusto y confusión entre los combatientes de los sindicatos. Por otra parte, las treguas acordadas servían para que las fuerzas de asalto t sus aliados mejoraran sus posiciones. El 5 de mayo las Federaciones Locales de la UGT y la CNT intimaron a todos los trabajadores a reintegrarse al trabajo. Al mismo tiempo, el gobierno central decretó la incautación del orden público en Cataluña y envió a Barcelona fuerzas militares expedicionarias. Barcos de la flota republicana zarparon en dirección a Barcelona.

Los contrarrevolucionarios aprovecharon la ausencia de tropas anarcosindicalistas en las calles -bien por los llamamientos desde la radio o bien porque estaban en el frente- para ocupar el Palacio de Justicia, atacar los edificios de la Unión Médica y de la Federación Local de las Juventudes Libertarias. La llegada de nuevas unidades de guardias de asalto, consiguieron practicamente desarmar a la resistencia anarcosindicalista (entre otros a los Amigos de Durruti) y del POUM.

El día 6, la CNT-FAI propusieron el abandono de las barricadas que, al parecer, fue aceptado por los combatientes confederales, que en su fuero interno consideraban aquello como una claudicación revolucionaria suicida. El día 7 entraron en Barcelona las fuerzas expedicionarias, al mando del teniente coronel Emilio Torres, que gozaba de simpatías en los medios anarcosindicalistas por haber sido comandante de la columna "Tierra y LIbertad". La propia CNT insinuó la designación de ese viejo amigo como jefe de las fuerzas expedicionarias, al objeto de hacerse obedecer por los compañeros, y en evitación de subsiguientes represalias.

Al fin se logró el apaciguamiento y la CNT creyó, o quiso creer en la vistualidad de aquella paz, pero la verdad fue que a partir de aquel momento, el equilibrio de fuerzas políticas en Cataluña se venció del lado de sus adversarios. El ataque unilateral partido de la secretaría de Orden Público de la Generalitat no se comprendería sin la parcialidad de Companys. El mismo Companys, que diez meses antes abdicara su poder ante los anarcosindicalistas vencedores en la calle contra el fascismo. Los grupos políticos a los que aquéllos concedieron carta de naturaleza lograron concitar contra la CNT-FAI fuerzas sañudas que no podían perdonarle las realizaciones revolucionarias.

La contrarrevolución republicana-stalinista había triunfado y se formó un nuevo Gobierno de coalición en un intento de mantener la ficción de la unidad, siempre presidido por Companys. El gobierno de la Generalitat se transformó en un Consejo Ejecutivo muy restringido, compuesto por Valerio Mas (CNT), Rafael Vidiella (UGT) y un representante de la Esquerra. A principios de julio de 1937 la jefatura de policía sería ocupada por el comunista Burillo.

En las luchas de Barcelona los anarcosindicalistas perdieron, entre otros militantes destacados, a Camilo Berneri, a Domingo Ascaso y a Francisco Martínez (de la FIJL). En represiones posteriores desaparecieron doce militantes de la barriada de San Andrés, cuyos cadáveres aparecerían días después terriblemente desfigurados en el cementerio de Cerdanyola. La represión que siguió se haría merced incluso a los resortes legales, ya la representación confederal en el estamento del goierno sería incapaz para evitarla.


Cadáveres de jóvenes libertarios asesinados por la represión comunista

Estos acontecimiento tendrían trascendental influencia en el porvenir de la República y en cuanto a sus posibilidades de ganar la guerra. El PSUC cometió un grave error en su intento de desnivelar a su favor el equilibrio político de Cataluña, apoyándose en la lograda conjunción de todas las fuerzas anti-revolucionarias y en la neutralidad sospechosa de la Esquerra, porque allí se arruinó la aspiración de la unidad que, si bien en precario, había tenido fases un tanto líricas, como la inaugurada en enero de 1937 con reuniones del Comité Central del Partido Comunista y el Comité Nacional de la CNT, tendentes a subsanar fricciones producidas por la base. La unidad quedaría en lo sucesivo como mero tema para la propaganda y el proselitismo partidista, pero la verdad es que la base de coincidencias que sostenían la República iba reduciéndose en un proceso irreversible y alarmante. Porque por otra parte, los acontecimientos de mayo iban a potenciar la inmediata marginación del socialismo de izquierda y la caida del gobierno de Largo Caballero, que daría vía libre a la persecución indiscriminada contra el POUM.


El proceso contra el POUM

Sorprendentemente, el Partido Comunista español acusó al POUM de promover los sangrientos acontecimientos del mes de mayo de Barcelona. En un mitin celebrado el 9 de mayo diria José Díaz: "Nuestro enemigo principal es el fascismo, son los fascistas, pero los fascistas tienen agentes para trabajar. Naturalmente que si los agentes que trabajan con ellos dije: "Somos fascistas y queremos trabajar con vosotros para crear dificultades", inmediatamente serían eliminados por nosotros. Por eso tienen que ponerse otro nombre... Unos se llaman trotskistas. Es el nombre bajo el cual trabajan muchos fascistas emboscados, que hablan de revolución para sembrar el desconcierto. Y yo digo: si esto lo saben todos, y lo sabe también el gobierno, ¿qué hace el gobierno que no los trata como a tales fascistas y los extermina sin consideración?"

De manera que el 13 de mayo de 1937, Jesús Hernández y Vicente Uribe pidieron la disolución del POUM de manera categórica. Largo Caballero se negó a admitir que se tratase de una organización fascista, oponiéndose a su disolución. Esto supuso la caida de su gobierno y la entrada de Negrín socialista pro-comunista y la exclusión de la CNT del gobierno.

El 18 de junio de 1937 fue detenido en Barcelona Andreu Nin (ex-militante de la CNT y por entonces actual lider del POUM), junto a numerosos militantes más del POUM. Andreu ya no volvió a aparecer. Las detenciones las efectuaron policías de Madrid, pero fue Orlov, agente de la OGPU soviética en España, quien movió toda la trama. Stalin quería librarse de sus enemigos directos en España, de igual modo que lo hacía en Rusia. Mariano R. Vázquez (Marianet), secretario de la CNT, diría por aquellas fechas en el teatro Apolo de Valencia:


La CNT protestó reiterada y severamente contra los procedimientos policiacos y judiciales empleados contra el POUM. Aún así, el POUM se vio implacablemente acosado en todo el país, y sus militantes sobrevivieron solo en la clandestinidad. Algunos de éstos pintaron furtivamente en las paredes de muchas ciudades republicanas esta muda protesta:






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